aprendizaje cooperativo

COOPERAR PARA APRENDER

Muchas teorías y modelos educativos llevan más de veinte años resaltando la importancia de la interacción entre compañeros de cara al aprendizaje. Aunque esta idea está calando cada vez con más frecuencia en las aulas, todavía algunos profesores la ignoran. De hecho, muchas veces esta interacción se considera como un elemento que dificulta el ambiente social y la marcha de la clase.

Los educadores podemos promover en el aula tres formas de relación entre los alumnos (Coll y Colomina):

1. Relación competitiva, cuando tienen que “luchar” entre ellos, pues el logro de las propias metas es a costa del no-logro de las del resto. Para que uno gane el otro debe perder. Este tipo de relación puede ser muy motivante para los niños, pero también puede provocar efectos contraproducentes, como baja autoestima, en aquellos que no logran los objetivos (los que pierden).

2. Relación individualista, cuando la consecución de la propia meta no afecta a los resultados obtenidos por los demás. Esta es la relación que normalmente se da en las aulas, donde cada cual debe aprobar sus propios exámenes. Aquí no hay necesidad de interacción, por lo que no se promueve el desarrollo de una actitud de colaboración entre compañeros.

3. Relación cooperativa, cuando los participantes comparten objetivos mutuamente dependientes, por lo que el logro de las propias metas es posible si los compañeros de grupo obtienen también las suyas (si tu ganas el resto también). La interacción entre los compañeros es necesaria para que esta estructura funcione.

Pues bien, múltiples investigaciones han concluido que las relaciones cooperativas provocan mejor rendimiento académico entre los alumnos que las competitivas e individualistas en todas las materias y en todas las edades (Jonhson). Además, este tipo de relación ha demostrado tener una influencia positiva en el desarrollo cognitivo y social del niño, y en la consecución de un buen “clima de trabajo en el aula”.

Algunas de las ventajas de la cooperación entre iguales son:

1. Fomenta la creación de valores, actitudes, y competencias socializadoras del niño (mejora las habilidades sociales).
2. Aumenta el desarrollo cognitivo al tener que resolver conflictos o manejar las relaciones entre los miembros del grupo.
3. Se aprende a tomar en consideración el punto de vista de los otros, lo que promueve el desarrollo de la empatía.
4. Reduce el aislamiento social y las conductas antisociales o disruptivas (como los impulsos agresivos).

De este modo, cuanto mejores, mayores y más variadas sean este tipo de relaciones con los compañeros durante el período escolar, mejores serán los índices de salud mental en la edad adulta.

Ahora bien, para conseguir todos estos efectos positivos, no basta sólo con colocar a los alumnos entre sí y dejar que interactúen de forma espontánea. Profesores y educadores deben conocer las técnicas de trabajo cooperativo y cómo deben aplicarse para asegurarse que éstas tengan un efecto constructivo en los estudiantes.

Enlaces de interés:

Guía sobre aprendizaje cooperativo, CAM

M.J. Díaz Aguado: aprendizaje cooperativo y prevención de la violencia

Orientación Andújar: técnicas de aprendizaje cooperativo


técnicas de estudio

PREPARARSE PARA ESTUDIAR

La instrucción en Técnicas de Trabajo Intelectual (TTI) o Técnicas de Estudio tiene una larga tradición y se supone que debería estar más que consolidado en nuestros alumnos hoy en día.

Aunque no estoy de acuerdo con que se los niños se limiten a aprender estudiando en la escuela (habría que fomentar más la creatividad, el aprendizaje por descubrimiento (Bruner) o el aprendizaje cooperativo), muchos padres siguen demandando que se enseñe cómo estudiar a sus hijos. Estos ven que se esfuerzan, que “pasan horas delante de los libros” y siguen suspendiendo.

Es importante recalcar que para lograr un aprendizaje satisfactorio y unos buenos resultados académicos  hay que poder, querer y saber estudiar.

Poder, tener la capacidad de estudiar. En este punto intervienen variables instrínsecas del alumno: nivel de atención, percepción, inteligencia,etc., y variables externas que dependen del entorno del niño: tener acceso a la educación, etc.
Querer, tener motivación por estudiar. Es muy importante fomentar el interés en los alumnos para “engancharles” en el estudio.
Saber cómo estudiar, que pasos debemos seguir para conseguir el máximo rendimiento de la manera más eficaz y eficiente y cómo crear un buen hábito de estudio.

QUÉ CUIDAR ANTES DE PONERSE A ESTUDIAR:

Ambiente de estudio:
Se debe estudiar siempre en el mismo sitio para que se asocie un espacio con el estudio.
Este debe ser un lugar silencioso, iluminado, correctamente ventilado y con una temperatura que ronde entre los 18-22 grados.
Además, el alumno debe tener todas las “herramientas” necesarias para la tarea de estudio. Esto es: mesa, silla (no es recomendable estudiar tumbado en la cama o sofá), estantería o armario, diccionario, calculadora, ordenador…Lo que cada cual necesite.
Hoy en día es imprescindible mencionar que el estudiante no debe utilizar redes sociales que no competan al aprendizaje. El uso del WhatsApp, Facebook o Twitter se ha convertido en un potente factor de distracción de los estudiantes.

Planificación:
Del mismo modo que los niños tienen un horario para el cole, donde saben qué asignaturas tienen cada día y a qué hora, es muy recomendable que establezcan un horario de tarde donde pongan sus actividades extraescolares, horas concretas para hacer los deberes, merendar, ducharse, cenar…
El fijar una o varias horas para los deberes y el estudio es importante para consolidar este hábito. También hay que distribuir el tiempo reservado entre las tareas que debemos hacer. Por ejemplo: de 16:00 a 17:00 hacer deberes, de 17:15 a 18:30 estudiar….
Cada cierto tiempo se debe descansar unos 5 o 10 minutos. Es recomendable empezar por las tareas de dificultad media, seguir con las de mayor dificultad y terminar con las que nos parezcan más fáciles.
Para que este horario se cumpla debe ser personalizado (tener en cuenta lo que tiene que hacer el niño normalmente por las tardes: natación, ir a ver a lo abuelos…), realista (no exigir lo que no se puede cumplir) y flexible a los imprevistos del día a día (cuando haya exámenes habrá que estudiar un poco más, etc).

Preparación física y mental:
Para poder rendir correctamente el alumno debe estar bien descansado y alimentado. También es aconsejable estar en buena forma física, ya que llevar una vida saludable mejora nuestro rendimiento en todos los ámbitos de nuestra vida.
Por otro lado, antes de ponernos a estudiar debemos dejar a un lado nuestros problemas o inquietudes personales. Estas no harán otra cosa más que distraernos.
Si notamos ansiedad a la hora de estudiar podemos combartirla con ejercicios de relajación o haciendo ejercicio físico.

También hay que tener en cuenta en clase estos factores:
La actitud del profesor. Para fomentar el aprendizaje de los estudiantes, un buen profesor debe hacer lo posible por motivar y provocar interés en sus alumnos, partir del conocimiento previo de estos, y atender a las necesidades específicas que cada alumno plantea (atención a la diversidad).
La actitud del alumno. Lo ideal sería que este leyera o buscara información previamente sobre los contenidos que se van a dar en clase. Es imprescindible que lleve todo el material necesario, que no se distraiga, que tome apuntes, anote sus dudas y las resuelva.

CÓMO SE DEBE ESTUDIAR:

Una vez hemos resuelto las variables a tener en cuenta antes de estudiar nos toca “ponernos a ello”. Pues bien, ahora tenemos que prestar especial atención a los siguientes factores.

La lectura:
Conseguir una lectura eficaz requiere un buen entrenamiento. Niños y adultos frecuentemente cometen errores mientras leen como mover la cabeza, seguir las palabras con el dedo o mover los labios. Estos hábitos restan eficacia a la lectura. Uno de los puntos clave en la instrucción de TTI es el entrenamiento en velocidad lectora, como forma de rentabilizar la cantidad de tiempo que el alumno emplea estudiando una materia (cuanto menos tarde en leer más podrá abarcar). Hay múltiples estrategias para aumentar la velocidad lectora, aunque un factor clave es  fomentar el hábito de lectura entre los más jóvenes.
Como es lógico, la lectura no solo debe ser rápida, sino que ante todo debe ser comprendida por el estudiante. Muchos alumnos fallan en este aspecto. Hay múltiples causas que provocan la falta de comprensión lectora: deficiencias en la decodificación de las palabras, escasez de vocabulario o de conocimientos previos, problemas de memoria… Hay que ver cada caso de forma individualizada. De cualquier modo, los textos deben estar adaptados al nivel cognitivo del niño y hay que fomentar el uso del diccionario para que busque las palabras que no conoce y amplíe su vocabulario.

Método de estudio:
Una vez en casa, el alumno debería hacer dos cosas siempre. Por un lado, hacer los deberes o tareas que se le mandan para el día siguiente, y por otro, revisar el contenido dado ese día. En este último punto es donde fallan la mayoría de los estudiantes. Al igual que un buen futbolista debe entrenar todos los días, un buen estudiante debe estudiar todos los días.
Otro aspecto que suele fallar es que muchos alumnos basan su estudio en leer una y otra vez los libros o apuntes. Para poder asimiliar y consolidar bien los contenidos el estudiante debe participar activamente en la tarea y no limitarse a leer. Las TTI establecen las siguientes pautas para estudiar de forma satisfactoria:
1. Primero, leer rápidamente el texto. Después hacerlo de forma detenida y comprensiva, buscar las palabras desconocidas y resolver las posibles dudas.
2. Subrayar las ideas principales.
3. Hacer un resumen a partir de lo subrayado, pero de forma personalizada, es decir, con las propias palabras del alumno. Poner ejemplos que nos resulten familiares y significativos es una buena forma de favorecer el aprendizaje.
4. Realizar esquemas a partir del resumen, sólo con las palabras clave. De esta forma se accede a la información imprescindible a simple vista y se favorece la memorización de los datos.
5. Usar reglas nemotécnicas para memorizar conceptos que son difíciles de relacionar entre sí, siglas, etc. Una regla nemotécnica consiste en formar una oración corta y fácil de recordar.
6. Asimilar el contenido y repasar (al menos) semanalmente los esquemas, aunque lo ideal es que se haga todos los días antes de acostarse, para prevenir que se olvide lo aprendido.

Bibliografía:
P. Carlos Gómez, A.García y P.Alonso (1991): T.T.I. Procedimientos para aprender a aprender. Editorial EOS. Madrid.

Enlaces de interés:

Orientación Los Pedroche: técnicas de estudio Educación Infantil y Primaria

Mónica Diz Orienta: técnicas de estudio para Secundaria

Familia y cole: cómo elaborar un horario de estudio

Aula fácil: uso de reglas nemotécnicas


educar

¿QUÉ SIGNIFICA EDUCAR?

La tarea de educar a los niños requiere mucho esfuerzo, constancia y sacrificio para padres y educadores.

No es infrecuente oír a padres que el colegio debe encargarse de la educación de sus hijos (ejemplo; “no digas palabrotas, ¿eso te enseñan en el cole?”…). Por otro lado, algunos maestros y educadores, especialmente en la etapa de secundaria, delegan esa función únicamente en los padres, sin tener en cuenta que los alumnos pasan un tercio de su día a día en la escuela y que, obviamente, aquellos juegan un papel fundamental en su formación global como personas, más allá de la instrucción de sus materias en cuestión. Así pues, hay una tendencia a eximirse de responsabilidades por ambas partes y al final, como dice el refrán, “el uno por el otro, la casa sin barrer”.

Pues bien, contestando al título de esta entrada, en mi opinión, los objetivos finales de la educación deben ser los siguientes:

En primer lugar, conseguir que la persona que estemos educando sea libre. Es de vital importancia que, a medida que va creciendo el niño sea capaz de elegir a conciencia, de tomar sus propias decisiones, y de asumir las consecuencias de sus actos. Un ejemplo: si decides no colaborar con las tareas de la casa no bajarás al parque. Hay que decirlo una vez y cumplirlo.

En segundo lugar, tratar de que sea una persona autónoma, que pueda gobernarse y valerse por sí mismo, y que adquiera un buen uso de su libertad. Muchos padres tienen dificultades para entender este aspecto, ya que hoy en día se tiende a sobreproteger a los hijos (“pobrecito, que no haga su cama…”). La sobreprotección, a efectos educativos, es tan negativa como el abandono, ya que se forman adultos inútiles, incapaces de asumir responsabilidades.

Por último, conseguir que sea responsable, que adquiera valores, compromiso social y motivaciones saludables, para él y para su entorno. Esto se refiere a que tenga motivaciones por construir (un buen futuro laboral, ayudar a quien lo necesita, ser bondadoso y empático, tener un ocio saludable, etc…). En definitiva, crear buenos hábitos para su vida social y personal.

Para poder conseguir que un hijo o alumno esté bien educado tenemos que tener en cuenta lo que necesita:

Que le mostremos amor, afecto, cariño, por encima de todo (especialmente los padres, evidentemente, aunque también los educadores).
Que tenga cubiertas sus necesidades básicas (alimentación, vestimenta, etc…). Aunque desgraciadamente este punto no sólo depende de la voluntad de la familia, sino de sus propias circunstancias.
Que se sientan seguros (cuando empiecen a explorar su entorno, de niños y sobre todo de adolescentes, debemos estar ahí, que cuenten con nuestro apoyo).
Que tengan límites, necesarios para su formación.
Que se formen en un ambiente coherente y estable. Es importante que haya comunicación y cooperación entre escuela y familia, y entre los diferentes miembros de la familia.
Y, finalmente, que tengamos en cuenta las individualidades de cada uno (temperamento, personalidad, situación personal, estado de salud, gustos, aficiones, etc…).

Como habéis visto, la tarea de educar no es algo sencillo, pero con compromiso, constancia y dedicación, padres y educadores podemos conseguirlo. El esfuerzo de todos merece la pena.