aptitud y rendimiento

¿QUÉ APTITUDES PERSONALES AFECTAN AL RENDIMIENTO ESCOLAR?

El rendimiento escolar de un niño está influenciado por varios factores como pueden ser el tipo de colegio y profesorado que tenga, el entorno socio-cultural del que provenga, sus condiciones familiares y sus propias aptitudes personales.

La RAE define aptitud como la capacidad para operar competentemente en una determinada actividad. En el caso del rendimiento escolar, frecuentemente se asocia esta capacidad al nivel intelectual del alumno (CI). Sin embargo la aptitud va más allá de las simples habilidades intelectuales. Es importante que familia y educadores conozcan los tipos de características individuales o aptitudes personales que influyen en el rendimiento escolar de estos, para poder entender mejor las diferencias entre unos niños y otros.

De este modo podemos encontrar tres tipos de actitudes relevantes para el rendimiento y el aprendizaje del alumnado (Corno y Snow). Estas serían:

1. Aptitudes cognitivas, donde entrarían las habilidades intelectuales de cada estudiante (CI, comprensión verbal..). Aquí también se incluyen los conocimientos previos de los que parte el alumno (por ejemplo para enseñar una multiplicación el niño debe haber consolidado el aprendizaje de las sumas). Un buen educado tiene el deber y la obligación de partir de los conocimientos previos de sus alumnos a la hora de explicar su materia para que estos puedan aprender. Un profesor que sistemáticamente suspende a la mayoría de sus alumnos claramente muestra que no parte de sus conocimientos previos, ni se ajusta su necesidades educativas.

2. Aptitudes afectivas, como puede ser la personalidad, autoestima o motivación del alumnado. Este tipo de aptitudes son más modificables por el entorno de lo que en principio puede parecer. Hay padres y profesores que consiguen que el alumno esté motivado a aprender, que crean curiosidad en él, y otros que provocan aversión o rechazo a los estudios. Del mismo modo, se ha demostrado que la alta autoestima influye positivamente en el aprendizaje y el rendimiento. Para aumentar la autoestima y motivación de un alumno es vital que alabemos el esfuerzo y no nos centremos en penalizar los errores (estos forman parte del aprendizaje).

3. Aptitudes conativas, relativas al control general y a la voluntad del alumnado por aprender. Estas se refiera a que el alumno sea consciente de que estilo cognitivo tiene (de que manera procesa, transforma y utiliza la información que recibe). Hay estudiantes que muestran un estilo impulsivos (que necesitan repasar antes de entregar un examen, trabajo…), otros más reflexivos (que pueden necesita aprender a ajustarse al tiempo de un examen…), otros más flexibles y abierto a los cambios, otros más rígidos,etc. Los estilos cognitivos de cada uno influyen de forma relevante a la hora de aprender, por lo que sería recomendable que los educadores los tengamos en cuenta a la hora de mandar diferentes tipos de actividades y a la hora de enseñar ciertas competencias clave como aprender a aprender.

Como podéis comprobar las aptitudes no solo se limitan al nivel intelectual del niño. Todas las aptitudes expuestas están influidas por el entorno del menor, donde los educadores tenemos una labor primordial.

Referencias Bibliográficas:
Coll y Miras (1998):características individuales y condiciones de aprendizaje: la búsqueda de interacciones.
Fierro, A (1998): personalidad y aprendizaje en el contexto escolar.
Coll, C, Marchesi ,A y Palacios, J(1990): desarrollo psicológico y educación I y II.

Enlaces de interés:

J.Alonso Tapia: Motivación para el aprendizaje

Josemsanchez: estilos cognitivos

J.A López: La importancia de los conocimientos previos para el aprendizaje de nuevos contenidos


AUTOESTIMA

AUMENTA LA AUTOESTIMA INFANTIL

Podemos definir el autoconcepto como los juicios e imágenes que tenemos de nosotros mismos. Este engloba aspectos físicos , psicológicos , sociales y morales. El autoconcepto implica juicios descriptivos (soy rubio, alto…), pero también juicios de valor (soy tonto, soy increíble, soy mala persona). Ese juicio de valor que hacemos hacia nuestra persona es lo que se conoce como autoestima.

Los adultos tenemos un papel determinante en la formación del autoconcepto y la autoestima de los más pequeños. Desde muy temprana edad el niño va captando mensajes que su entorno le transmite sobre el mismo, y se va mirando en el espejo que los otros le muestran (eres malo, eres bueno, eres único, no vales para nada…) Estos mensajes se transmiten de forma verbal y no verbal (muestras de cariño, miradas…). La familia, la escuela y el grupo de iguales son los principales espejos para el niño.

Por otro lado, las expectativas que tenemos de los otros pueden influir decisivamente en la conducta de los demás. Este fenómeno se conoce como el Efecto Pygmalión (Rosenthal y Jacobson) o Profecía Autocumplida (Robert K. Merton). Esta teoría sostiene que según las expectativas que tengamos acerca de alguien incitaremos a que dicha persona se comporte de manera que la expectativa se vuelva cierta. Por ejemplo si el profesor cree que sus alumnos son unos inútiles y unos vagos, éste les tratará como tal, lo que hará que estos fracasen con mayor probabilidad.
No hay frase más cierta que “creer es poder”, y estas creencias vienen en gran parte determinadas por los mensajes que nos llegan desde el exterior. Por suerte o por desgracia somos animales sociales y para poder crear un buen autoconcepto y autoestima necesitamos del apoyo y respaldo del entorno. Si a un niño le sometemos continuamente a críticas destructivas (insultos, descalificaciones) estaremos aumentando la probabilidad de formar un adulto frustrado, agresivo o sumiso, es decir una persona infeliz y con problemas de adaptación social.

¿Qué podemos hacer para aumentar la autoestima de nuestros hijos y/o alumnos?

1. Mostrar cariño, aprecio y respeto por ellos. No basta con quererlos, hay que procurar que ellos lo perciban, ya que el amor no se sobreentiende y hay que demostrarlo. Hay que alabarles cuando superen nuevos retos, decirles palabras de apoyo cuando se equivoquen y no sancionar sus fracasos (éstos forman parte del aprendizaje).

2. Hacer que se sientan valiosos y capaces de conseguir lo que se propongan. Esto último habrá que hacerlo de forma realista, sin presionar para que el muchacho consiga metas irreales, inalcanzables a corto plazo o que no le motiven.

3. Estimular su autonomía. Que sea consciente de todo lo que es capaz de hacer por sí mismo (comprar el pan solo, ayudar a cocinar…). Además de ser muy positivo para su educación, hace que “se sientan mayores”, lo que les resulta muy motivante.

4. Ayúdar a que se autorrealicen en aquello que destacan y les gusta. Si el niño es bueno dibujando, escribiendo cuentos o bailando, anímales a que mejoren y progresen en sus aptitudes creativas. Hay una creencia absurda entre muchos padres de que todo lo que no es matemáticas, lengua o inglés no sirve para nada.

5. Nunca pretender que ellos sean lo que nosotros no pudimos ser, es decir, no obligar a que ellos realicen nuestros sueños frustrados (ser el número uno de la clase, ser el mejor futbolista de su equipo, el mejor gimnasta…).

6. No sobreproteger. Deben aprender a tomar sus propias decisiones,  asumir las consecuencias de sus actos, y como hemos dicho antes deben aprender a fracasar sin frustrarse. Es inevitable que fracasemos en numerosas ocasiones a lo largo de nuestra vida (en los estudios, en el amor, a la hora de realizar ciertas elecciones…). El fracaso nos sirve para aprender, para mejorar en futuras ocasiones, para lograr el éxito final.

7. Aumentar el contacto con otros agentes educativos (profesores, familiares, otros adultos, amigos) que estén en contacto con él, para que te cuenten cómo le ven (¿más contento? ¿más serio?¿se relaciona con otros niños?…)

8. Juzgar su conducta, nunca la persona. No es lo mismo decirle “eres un patán” a decirle “eso no lo has hecho bien”: en la primera situación se pone en duda su validez como persona, y en la segunda jugamos  una actuación concreta.

9. No comparar (con sus hermanos, con sus primos, con sus compañeros… )A nadie nos gusta que nos digan o nos insinúen que somos “inferiores” que otros en algún aspecto.

 

Enlaces de interés:

Cuentos para dormir: cuentos para aumentar la autoestima en niños

Guía infantil: juegos para aumentar la autoestima en niños

Taller de autoestima para adolescentes