comunicacion

MEJORA LA COMUNICACIÓN FAMILIAR

Nuestra comunicación no solo se basa en el mensaje verbal que trasmitimos. Interpretamos lo que nos quiere decir alguien según sus palabras, gestos, la expresión facial, el tono de voz, su postura, la mirada… Unimos todas las variables verbales y no verbales y de ahí sacamos una conclusión. Por ejemplo muchas veces se malinterpretan conversaciones que tenemos a través de redes sociales como WhatsApp, ya que al ser un medio escrito perdemos toda la comunicación no verbal (quizá alguien nos está diciendo algo de forma cordial y pensamos que está enfadado…). De hecho, el comportamiento no verbal trasmite mucho más que las meras palabras. Como dice el dicho “una imagen vale más que mil palabras” y esto lo tenemos que tener en cuenta a la hora de comunicarnos.

Imagina que le preguntas a alguien “¿Te gusta mi vestido nuevo?”, y te responde “¡Sí, me encanta!” pero su mirada delata lo contrario. ¿Qué interpretas? Lógicamente, que el vestido no le gusta. Cuando estamos frente alguien, no podemos ocultar nuestro comportamiento no verbal. Puedes decidir no hablar o seleccionar lo que vas a decir, pero resulta casi imposible no enviar mensajes a través de tu rostro o de tu cuerpo. No obstante, además del comportamiento no verbal, hay que mostrar empatía, respeto, interés y tolerancia para que haya una buena comunicación entre dos personas.

Muchos padres encuentran dificultades a la hora de comunicarse con sus hijos. Se quejan de que no les escuchan, de que les mienten o que no se entienden mutuamente. Estas dificultades ocurren especialmente cuando los hijos son adolescentes, posiblemente por las características propias de esta edad.

Para mejorar la comunicación con nuestros hijos (o con cualquier otra persona) podríamos tener en cuenta los siguientes consejos:

Mírale a los ojos: la mirada propicia la confianza y que la conversación fluya.

Escucha su lenguaje no verbal y cuida el tuyo. Debemos fijarnos en su expresión facial, si está triste, si está contento, si tiene ganas de hablar, etc. Según como les veamos debemos hablarles de una u otra manera. Si les vemos tristes es mejor “no ponerse pesados” insistiendo que nos digan que les pasa, sino abrazarles y que sientan que cuentan con nuestro apoyo, para cuando les apetezca hablar. Intenta ponerte en su lugar y procura elegir un momento adecuado para tratar ciertos temas con ellos (intenta no regañarle delante de sus amigos, etc).

Escucha sin juzgar. Es aconsejable que el hijo perciba que es escuchado y que su opinión importa. Si queremos que confíe en nosotros, no debemos sancionar cada cosa que haga o nos diga, pues lo único que conseguiremos es que deje de contarnos sus cosas y que nos mienta. Si queremos que cambie en algo y nos preocupa su comportamiento, es mejor que le expliquemos tranquilamente porqué es importante que no haga esto o lo otro, que pongamos ejemplos de cuando nosotros teníamos su edad, que partamos de que el chico hace las cosas con buena intención y necesita ser orientado por nosotros.

Contesta a sus preguntas de forma sincera, honesta y lo más rápido posible. De esta manera los chicos se sentirán importantes y respetados.

No insistas continuamente: no es muy efectivo que le digamos a nuestro hijo que “tiene que hacer algo” mil veces si luego no tiene consecuencias. Es mejor que le advirtamos una vez de que si hace algo tendrá que asumir sus consecuencias, argumentarle el sentido de la norma, (comprobando que la entiende), y cumplirlo desde el primer momento, sin más discusión.

Permítele que muestre sus opiniones y sentimientos. Aunque puede parecer lo contrario, los hijos respetan más a sus padres cuando se sienten libres de manifestar sus pensamientos y emociones. Aceptando esto fomentaremos su confianza y mejorará nuestra relación con ellos.

No compares a tu hijo con sus hermanos o con otros chicos. A nadie nos gusta que nos digan o nos insinúen que somos “inferiores” a otros en algún aspecto.

No pongas “etiquetas”: hay que juzgar siempre el comportamiento de alguien, nunca a la persona. Por ejemplo, si nos molesta que nuestro hijo no ha hecho su cama es mejor que le digamos eso a que le digamos que es un “vago”. Los insultos o las descalificaciones siempre empeoran la comunicación y las relaciones interpersonales.

Enlaces de interés:

Medicación Familiar, Comunidad de Madrid


evaluación psicopedagógica

TEST Y PRUEBAS PARA EVALUACIÓN PSICOPEDAGÓGICA

Os adjuntamos un listado con algunos de los test y pruebas más utilizados a la hora de realizar una evaluación psicopedagógica en niños y adolescentes:

1. Capacidad Intelectual:

Escala Weschler, Pearson: WPSSI ( 2 – 7 años), WISC (6-16 años), WAIS (16 años-adultos)
Escalas McCarthy de Aptitudes y Psicomotricidad para niños (MSCA) , Pearson. (2 años y medio- 8 años y medio).
Batería de Aptitudes Diferenciales y Generales (BADYG), Editorial Cepe. ( 4-18 años).
RAVEN, Matrices progresivas. Pearson. (4 años-adultos).
K-BIT. Test breve de Inteligencia de Kaufman. Pearson (4 años-adultos).
Test de Inteligencia no Verbal, TONI-2. TEA Ediciones ( 5 años-adultos).

2. Desarrollo Evolutivo:

Guia Portage, TEA Ediciones. (0-6 años)
Evaluación y ejercicios para bebes y niños pequeños con necesidades educativas especiales, Currículo Carolina. TEA Ediciones. (0- 24 meses).
Escala del desarrollo psicomotor de la primera infancia Brunet Lezine. Psymtec.(0-6 años)
Examen psicomotor de L. Picq y P.Vayer (2-14 años).

3. Evaluación neuropsicológica y atención:

Evaluación Neuropsicológica de las Funciones Ejecutivas en niños, ENFEN. TEA Ediciones. (6-12 años).
Evaluación del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (EDAH), TEA Ediciones. (6-12 años)
Escala de Magallanes de Detección de Déficit de Atención y otros problemas del Desarrollo, EMA-DDA. Grupo Albor-Cohs (5 años-adultos).
Test de la figura Rey. TEA Ediciones (4 años-adultos).

4. Conducta adaptativa:

Sistema de Evaluación de la Conducta de Niños y Adolescentes BASC, TEA Ediciones. (3-18 años).
Escala de Conners, MHS. (6-11 años, sospecha TDAH).

5. Aspectos lingüísticos:

Test de vocabulario en imágenes, PEABODY. TEA Ediciones (2 años-adultos).
Escala Magallanes de lectura y escritura, TALE 2000. Grupo Albor-Cohs (6 años-adultos).
Test Illinois de Aptitudes Psicolingüísticas, ITPA. TEA Ediciones (3-10 años).
Evaluación de los procesos lectores-revisado, PROLEC-R. TEA Ediciones (6-12 años).
Evaluación de los procesos lectores en alumnos de 3er ciclo de primaria y secundaria, PROLEC-SE. TEA Ediciones (10-16 años).
Batería de evaluación de los procesos de escritura, PROESC. TEA Ediciones. (8-16 años).

6. Personalidad:

Cuestionario de personalidad para niños CPQ. TEA Ediciones. (8-12 años).
Cuestionario de personalidad de adolescentes16 PF-APQ (actualización HSPQ). TEA Ediciones (12-19 años).
Test Pata Negra. TEA Ediciones (4-15 años).
Test del dibujo de la Familia de Corman. Centro Editor. (6 años-adultos).

7. Competencia curricular y estrategias de aprendizaje:

Inventario de hábitos de estudio, IHE. TEA Ediciones. (12-24 años)
Cuestionario de Estrategias de aprendizaje. CEA. TEA Ediciones (12-16 años).

8. Creatividad:

Test de Creatividad infantil, TCI. TEA Ediciones. (6-12 años).
Prueba de Imaginación creativa de niños, PIC-N. TEA Ediciones. (8-12 años).
Prueba de Imaginación creativa de jóvenes, PIC-J. TEA Ediciones. (12-18 años).

Enlaces de interés:

Web TEA Ediciones

Test psicológicos Pearson


adolescentes

LA ADOLESCENCIA

El término adolescente es relativamente reciente, pues no aparece hasta el siglo XV. Como ya sabemos, consideramos la adolescencia como la etapa evolutiva que se sitúa entre la niñez y la edad adulta.

Esta coincide con la pubertad del ser humano, que supone el conjunto de cambios orgánicos y fisiológicos que tienen lugar en esta etapa.
No hay que confundir la pubertad con la adolescencia, pues la primera es un fenómeno universal, y la segunda no. La adolescencia se considera una construcción socio-cultural de la sociedad occidental.
En otras culturas la persona pasa prácticamente de “niño a hombre” o, como dice la canción, de “niña a mujer”. Esto también ocurría en la época de nuestros antepasados, donde los jóvenes dejaban de estudiar muy pronto para trabajar, casarse, emanciparse y tener hijos.
Sin embargo, en nuestra sociedad cada vez se tarda más en pasar al estado adulto. Ser adulto implicaría ser independiente económicamente, tener autonomía personal y  constituir un hogar propio (Aguinada, Coleman y Husten). Sin embargo, hoy en día factores como las exigencias académico-laborales, la crisis económica o la sobreprotección parental provocan que se prolongue la adolescencia hasta pasados los veinte e incluso los treinta años en algunos casos. Esta situación provoca inmadurez, inadaptación, angustia y agresividad entre los jóvenes.

CARACTERÍSTICAS:

Teniendo todo estos factores en cuenta, podemos concluir que la adolescencia tiene unas características que la diferencian del resto de las etapas evolutivas del ser humano.

CARACTERÍSTICAS FÍSICAS Y PSICO-SEXUALES:

Con la coincidencia con la pubertad aparecen los rasgos sexuales secundarios, que supone un gran dimorfismo sexual entre varones (aumento de musculatura, aparición de la barba, primeras eyaculaciones…) y mujeres ( primera menstruación, crecimiento de los senos…). Detrás de estos cambios está una explosión de hormonas (estrógenos y testosterona) que afectan física y psicológicamente a los adolescentes. Como consecuencia se consolida el desarrollo psico-sexual de la persona (primeras relaciones sexuales,  enamoramientos…). En esta etapa padres y educadores deben enfatizar la educación afectivo-sexual, aunque este aspecto debe ser tratado desde la infancia.

CARACTERÍSTICAS DE LA PERSONALIDAD:

El adolescente vive una fase “egocéntrica” (Elkind), en la que manifiestan un exceso de confianza en si mismo. Esto se conoce como fabula personal (“a mí esto no me va a pasar”). Esta sensación de invulnerabilidad le puede llevar a tener conductas de riesgo (consumo de drogas, conducción temeraria), por lo que es importante ofrecer posibilidades de ocio saludable como la práctica del  deporte, y educar en buenos hábitos de consumo desde que son niños. Además, suelen creerse el “centro del universo”  y consideran que tienen un público que les observa en todo momento (lo que se conoce como público imaginario) . Otro aspecto peculiar del adolescente es que piensan que sus experiencias son únicas e irrepetibles, ven a los adultos como “carcas” que no pueden entender lo que están viviendo.

Además, en la adolescencia se desarrolla y consolida la identidad personal. Esta supone varias dimensiones que envuelven la vida de una persona (vocación laboral, ideales políticos, creencia religiosa, orientación sexual, identidad de género,…). En el desarrollo de la identidad influye decisivamente el autoconcepto y la autoestima. El autoconcepto es la imagen que tenemos de nosotros mismos. Los adolescentes comienzan a describirse a sí mismos empleando características psicológicas e intelectuales, como el carácter o la ideología, y no sólo características físicas, como hacen los niños. Por autoestima entendemos la valoración afectiva de nuestro autoconcepto, es decir, que sentimiento nos produce la imagen que tenemos de nosotros mismos. El entorno social del adolescente influye de forma determinante en la autoestima del joven y parece haber relación entre un entorno familiar estable y niveles positivos de autoestima (Harter). No obstante, en esta etapa evolutiva tiende a disminuir, ya que suelen ser más inseguros.

CARACTERÍSTICAS SOCIALES:

Otro aspecto a destacar es que en este momento encontramos también frecuentes conflictos con los padres, profesores y figuras de autoridad en general, como forma de rebelión contra las normas establecidas.
Hay que resaltar que esto no es únicamente atribuible al carácter del adolecente en sí, sino que también influye la forma de interaccionar del adulto. Por ejemplo, hay más posibilidad de conflicto con padres autoritarios que con padres tolerantes.
La influencia familiar en la adolescencia es determinante. Aunque los amigos o compañeros pueden influir más que los adultos a corto plazo (ocio, gustos…), la familia lo hace más a largo plazo, y en aspectos más determinantes (actitudes, valores…).

En cualquier caso, no podemos negar que en esta etapa el peso de la familia empieza a disminuir por la creciente  influencia del grupo de iguales. El adolescente con sus amigos puede ser uno mismo y liberarse de los roles fijados en la familia. Se desarrolla el sentimiento de pertenencia a un grupo  y el hecho de ser aceptado o rechazado tiene fuertes repercusiones emocionales en el individuo. Así pues, en función del grado de aceptación podemos distinguir entre:
1. Adolescentes polémicos: agradan a algunos compañeros y desagradan a otros (son “odiados” o “amados”).
2.Adolescentes rechazados: desagradan a la mayoría de los compañeros, por lo que reciben numerosas manifestaciones de exclusión.
3. Adolescentes ignorados: suelen pasar de inadvertidos y apenas se relacionan con sus iguales.
4. Adolescentes populares: gustan a la mayoría de sus compañeros y son reconocidos por ellos de forma positiva.
Familia y profesores debemos estar muy atentos a los adolescentes que consideremos rechazados o ignorados, pues pueden sufrir acoso escolar.

CARACTERÍSTICAS COGNITIVAS E INTELECTUALES:

En cuanto a su desarrollo cognitivo, aparece el pensamiento lógico-formal (12 a 15 años), que supone la capacidad de abstracción. Hacia los 16 o 18 años se puede culminar la abstracción activa, lo que implica un interés por los temas filosóficos, sociales, religiosos o científicos: poco a poco va creando su propia visión del mundo. En este punto es determinante el desarrollo intelectual y cultural del adolescente, ya que cuanta más formación adquiera, mayor capacidad de abstracción tendrá.

Por último, debemos señalar que la adolescencia es el periodo de la iniciación e implicación vocacional (Ginzerg). Entre los 12 y 15 años pasan de interesarse por una profesión u otra según sus intereses, a elegir según sus aptitudes (lo que se les da mejor o peor) y sus valores (querer ganar mucho dinero, ayudar a los demás, etc.)
Hacia los 16-18 años las presiones del medio hacen que deban optar entre las múltiples posibilidades que les ofrece el sistema educativo: Ciclos Formativos, Bachillerato… o ponerse a trabajar. Una buena orientación y asesoramiento es esencial para que puedan elegir bien su futuro profesional.

En definitiva, la adolescencia es una etapa compleja que tiene muchas peculiaridades en la que padres y educadores tenemos una labor ardua que realizar. Saber entenderles y comprender lo que están viviendo mejorará nuestras relaciones con ellos.

Referencias bibliográficas:
Carretero, Palacios (1998): psicología evolutiva (Vol2). Madrid.Alianza Psicología
Palacios, Marchesi y Coll (1999): desarrollo psicológico y educación: psicología evolutiva. Madrid. Alianza psicología.
VV.AA (2005): psicología evolutiva. Madrid. UNED

Enlaces de interés:

Problemas en la adolescencia

Adolescentes: guía para madres y padres

SEXPREAM: recurso multimedia de educación Afectivo-sexual

Programa de Protección Escolar PROTEGIENDOTE


AUTOESTIMA

AUMENTA LA AUTOESTIMA INFANTIL

Podemos definir el autoconcepto como los juicios e imágenes que tenemos de nosotros mismos. Este engloba aspectos físicos , psicológicos , sociales y morales. El autoconcepto implica juicios descriptivos (soy rubio, alto…), pero también juicios de valor (soy tonto, soy increíble, soy mala persona). Ese juicio de valor que hacemos hacia nuestra persona es lo que se conoce como autoestima.

Los adultos tenemos un papel determinante en la formación del autoconcepto y la autoestima de los más pequeños. Desde muy temprana edad el niño va captando mensajes que su entorno le transmite sobre el mismo, y se va mirando en el espejo que los otros le muestran (eres malo, eres bueno, eres único, no vales para nada…) Estos mensajes se transmiten de forma verbal y no verbal (muestras de cariño, miradas…). La familia, la escuela y el grupo de iguales son los principales espejos para el niño.

Por otro lado, las expectativas que tenemos de los otros pueden influir decisivamente en la conducta de los demás. Este fenómeno se conoce como el Efecto Pygmalión (Rosenthal y Jacobson) o Profecía Autocumplida (Robert K. Merton). Esta teoría sostiene que según las expectativas que tengamos acerca de alguien incitaremos a que dicha persona se comporte de manera que la expectativa se vuelva cierta. Por ejemplo si el profesor cree que sus alumnos son unos inútiles y unos vagos, éste les tratará como tal, lo que hará que estos fracasen con mayor probabilidad.
No hay frase más cierta que “creer es poder”, y estas creencias vienen en gran parte determinadas por los mensajes que nos llegan desde el exterior. Por suerte o por desgracia somos animales sociales y para poder crear un buen autoconcepto y autoestima necesitamos del apoyo y respaldo del entorno. Si a un niño le sometemos continuamente a críticas destructivas (insultos, descalificaciones) estaremos aumentando la probabilidad de formar un adulto frustrado, agresivo o sumiso, es decir una persona infeliz y con problemas de adaptación social.

¿Qué podemos hacer para aumentar la autoestima de nuestros hijos y/o alumnos?

1. Mostrar cariño, aprecio y respeto por ellos. No basta con quererlos, hay que procurar que ellos lo perciban, ya que el amor no se sobreentiende y hay que demostrarlo. Hay que alabarles cuando superen nuevos retos, decirles palabras de apoyo cuando se equivoquen y no sancionar sus fracasos (éstos forman parte del aprendizaje).

2. Hacer que se sientan valiosos y capaces de conseguir lo que se propongan. Esto último habrá que hacerlo de forma realista, sin presionar para que el muchacho consiga metas irreales, inalcanzables a corto plazo o que no le motiven.

3. Estimular su autonomía. Que sea consciente de todo lo que es capaz de hacer por sí mismo (comprar el pan solo, ayudar a cocinar…). Además de ser muy positivo para su educación, hace que “se sientan mayores”, lo que les resulta muy motivante.

4. Ayúdar a que se autorrealicen en aquello que destacan y les gusta. Si el niño es bueno dibujando, escribiendo cuentos o bailando, anímales a que mejoren y progresen en sus aptitudes creativas. Hay una creencia absurda entre muchos padres de que todo lo que no es matemáticas, lengua o inglés no sirve para nada.

5. Nunca pretender que ellos sean lo que nosotros no pudimos ser, es decir, no obligar a que ellos realicen nuestros sueños frustrados (ser el número uno de la clase, ser el mejor futbolista de su equipo, el mejor gimnasta…).

6. No sobreproteger. Deben aprender a tomar sus propias decisiones,  asumir las consecuencias de sus actos, y como hemos dicho antes deben aprender a fracasar sin frustrarse. Es inevitable que fracasemos en numerosas ocasiones a lo largo de nuestra vida (en los estudios, en el amor, a la hora de realizar ciertas elecciones…). El fracaso nos sirve para aprender, para mejorar en futuras ocasiones, para lograr el éxito final.

7. Aumentar el contacto con otros agentes educativos (profesores, familiares, otros adultos, amigos) que estén en contacto con él, para que te cuenten cómo le ven (¿más contento? ¿más serio?¿se relaciona con otros niños?…)

8. Juzgar su conducta, nunca la persona. No es lo mismo decirle “eres un patán” a decirle “eso no lo has hecho bien”: en la primera situación se pone en duda su validez como persona, y en la segunda jugamos  una actuación concreta.

9. No comparar (con sus hermanos, con sus primos, con sus compañeros… )A nadie nos gusta que nos digan o nos insinúen que somos “inferiores” que otros en algún aspecto.

 

Enlaces de interés:

Cuentos para dormir: cuentos para aumentar la autoestima en niños

Guía infantil: juegos para aumentar la autoestima en niños

Taller de autoestima para adolescentes


aprendizaje cooperativo

COOPERAR PARA APRENDER

Muchas teorías y modelos educativos llevan más de veinte años resaltando la importancia de la interacción entre compañeros de cara al aprendizaje. Aunque esta idea está calando cada vez con más frecuencia en las aulas, todavía algunos profesores la ignoran. De hecho, muchas veces esta interacción se considera como un elemento que dificulta el ambiente social y la marcha de la clase.

Los educadores podemos promover en el aula tres formas de relación entre los alumnos (Coll y Colomina):

1. Relación competitiva, cuando tienen que “luchar” entre ellos, pues el logro de las propias metas es a costa del no-logro de las del resto. Para que uno gane el otro debe perder. Este tipo de relación puede ser muy motivante para los niños, pero también puede provocar efectos contraproducentes, como baja autoestima, en aquellos que no logran los objetivos (los que pierden).

2. Relación individualista, cuando la consecución de la propia meta no afecta a los resultados obtenidos por los demás. Esta es la relación que normalmente se da en las aulas, donde cada cual debe aprobar sus propios exámenes. Aquí no hay necesidad de interacción, por lo que no se promueve el desarrollo de una actitud de colaboración entre compañeros.

3. Relación cooperativa, cuando los participantes comparten objetivos mutuamente dependientes, por lo que el logro de las propias metas es posible si los compañeros de grupo obtienen también las suyas (si tu ganas el resto también). La interacción entre los compañeros es necesaria para que esta estructura funcione.

Pues bien, múltiples investigaciones han concluido que las relaciones cooperativas provocan mejor rendimiento académico entre los alumnos que las competitivas e individualistas en todas las materias y en todas las edades (Jonhson). Además, este tipo de relación ha demostrado tener una influencia positiva en el desarrollo cognitivo y social del niño, y en la consecución de un buen “clima de trabajo en el aula”.

Algunas de las ventajas de la cooperación entre iguales son:

1. Fomenta la creación de valores, actitudes, y competencias socializadoras del niño (mejora las habilidades sociales).
2. Aumenta el desarrollo cognitivo al tener que resolver conflictos o manejar las relaciones entre los miembros del grupo.
3. Se aprende a tomar en consideración el punto de vista de los otros, lo que promueve el desarrollo de la empatía.
4. Reduce el aislamiento social y las conductas antisociales o disruptivas (como los impulsos agresivos).

De este modo, cuanto mejores, mayores y más variadas sean este tipo de relaciones con los compañeros durante el período escolar, mejores serán los índices de salud mental en la edad adulta.

Ahora bien, para conseguir todos estos efectos positivos, no basta sólo con colocar a los alumnos entre sí y dejar que interactúen de forma espontánea. Profesores y educadores deben conocer las técnicas de trabajo cooperativo y cómo deben aplicarse para asegurarse que éstas tengan un efecto constructivo en los estudiantes.

Enlaces de interés:

Guía sobre aprendizaje cooperativo, CAM

M.J. Díaz Aguado: aprendizaje cooperativo y prevención de la violencia

Orientación Andújar: técnicas de aprendizaje cooperativo


técnicas de estudio

PREPARARSE PARA ESTUDIAR

La instrucción en Técnicas de Trabajo Intelectual (TTI) o Técnicas de Estudio tiene una larga tradición y se supone que debería estar más que consolidado en nuestros alumnos hoy en día.

Aunque no estoy de acuerdo con que se los niños se limiten a aprender estudiando en la escuela (habría que fomentar más la creatividad, el aprendizaje por descubrimiento (Bruner) o el aprendizaje cooperativo), muchos padres siguen demandando que se enseñe cómo estudiar a sus hijos. Estos ven que se esfuerzan, que “pasan horas delante de los libros” y siguen suspendiendo.

Es importante recalcar que para lograr un aprendizaje satisfactorio y unos buenos resultados académicos  hay que poder, querer y saber estudiar.

Poder, tener la capacidad de estudiar. En este punto intervienen variables instrínsecas del alumno: nivel de atención, percepción, inteligencia,etc., y variables externas que dependen del entorno del niño: tener acceso a la educación, etc.
Querer, tener motivación por estudiar. Es muy importante fomentar el interés en los alumnos para “engancharles” en el estudio.
Saber cómo estudiar, que pasos debemos seguir para conseguir el máximo rendimiento de la manera más eficaz y eficiente y cómo crear un buen hábito de estudio.

QUÉ CUIDAR ANTES DE PONERSE A ESTUDIAR:

Ambiente de estudio:
Se debe estudiar siempre en el mismo sitio para que se asocie un espacio con el estudio.
Este debe ser un lugar silencioso, iluminado, correctamente ventilado y con una temperatura que ronde entre los 18-22 grados.
Además, el alumno debe tener todas las “herramientas” necesarias para la tarea de estudio. Esto es: mesa, silla (no es recomendable estudiar tumbado en la cama o sofá), estantería o armario, diccionario, calculadora, ordenador…Lo que cada cual necesite.
Hoy en día es imprescindible mencionar que el estudiante no debe utilizar redes sociales que no competan al aprendizaje. El uso del WhatsApp, Facebook o Twitter se ha convertido en un potente factor de distracción de los estudiantes.

Planificación:
Del mismo modo que los niños tienen un horario para el cole, donde saben qué asignaturas tienen cada día y a qué hora, es muy recomendable que establezcan un horario de tarde donde pongan sus actividades extraescolares, horas concretas para hacer los deberes, merendar, ducharse, cenar…
El fijar una o varias horas para los deberes y el estudio es importante para consolidar este hábito. También hay que distribuir el tiempo reservado entre las tareas que debemos hacer. Por ejemplo: de 16:00 a 17:00 hacer deberes, de 17:15 a 18:30 estudiar….
Cada cierto tiempo se debe descansar unos 5 o 10 minutos. Es recomendable empezar por las tareas de dificultad media, seguir con las de mayor dificultad y terminar con las que nos parezcan más fáciles.
Para que este horario se cumpla debe ser personalizado (tener en cuenta lo que tiene que hacer el niño normalmente por las tardes: natación, ir a ver a lo abuelos…), realista (no exigir lo que no se puede cumplir) y flexible a los imprevistos del día a día (cuando haya exámenes habrá que estudiar un poco más, etc).

Preparación física y mental:
Para poder rendir correctamente el alumno debe estar bien descansado y alimentado. También es aconsejable estar en buena forma física, ya que llevar una vida saludable mejora nuestro rendimiento en todos los ámbitos de nuestra vida.
Por otro lado, antes de ponernos a estudiar debemos dejar a un lado nuestros problemas o inquietudes personales. Estas no harán otra cosa más que distraernos.
Si notamos ansiedad a la hora de estudiar podemos combartirla con ejercicios de relajación o haciendo ejercicio físico.

También hay que tener en cuenta en clase estos factores:
La actitud del profesor. Para fomentar el aprendizaje de los estudiantes, un buen profesor debe hacer lo posible por motivar y provocar interés en sus alumnos, partir del conocimiento previo de estos, y atender a las necesidades específicas que cada alumno plantea (atención a la diversidad).
La actitud del alumno. Lo ideal sería que este leyera o buscara información previamente sobre los contenidos que se van a dar en clase. Es imprescindible que lleve todo el material necesario, que no se distraiga, que tome apuntes, anote sus dudas y las resuelva.

CÓMO SE DEBE ESTUDIAR:

Una vez hemos resuelto las variables a tener en cuenta antes de estudiar nos toca “ponernos a ello”. Pues bien, ahora tenemos que prestar especial atención a los siguientes factores.

La lectura:
Conseguir una lectura eficaz requiere un buen entrenamiento. Niños y adultos frecuentemente cometen errores mientras leen como mover la cabeza, seguir las palabras con el dedo o mover los labios. Estos hábitos restan eficacia a la lectura. Uno de los puntos clave en la instrucción de TTI es el entrenamiento en velocidad lectora, como forma de rentabilizar la cantidad de tiempo que el alumno emplea estudiando una materia (cuanto menos tarde en leer más podrá abarcar). Hay múltiples estrategias para aumentar la velocidad lectora, aunque un factor clave es  fomentar el hábito de lectura entre los más jóvenes.
Como es lógico, la lectura no solo debe ser rápida, sino que ante todo debe ser comprendida por el estudiante. Muchos alumnos fallan en este aspecto. Hay múltiples causas que provocan la falta de comprensión lectora: deficiencias en la decodificación de las palabras, escasez de vocabulario o de conocimientos previos, problemas de memoria… Hay que ver cada caso de forma individualizada. De cualquier modo, los textos deben estar adaptados al nivel cognitivo del niño y hay que fomentar el uso del diccionario para que busque las palabras que no conoce y amplíe su vocabulario.

Método de estudio:
Una vez en casa, el alumno debería hacer dos cosas siempre. Por un lado, hacer los deberes o tareas que se le mandan para el día siguiente, y por otro, revisar el contenido dado ese día. En este último punto es donde fallan la mayoría de los estudiantes. Al igual que un buen futbolista debe entrenar todos los días, un buen estudiante debe estudiar todos los días.
Otro aspecto que suele fallar es que muchos alumnos basan su estudio en leer una y otra vez los libros o apuntes. Para poder asimiliar y consolidar bien los contenidos el estudiante debe participar activamente en la tarea y no limitarse a leer. Las TTI establecen las siguientes pautas para estudiar de forma satisfactoria:
1. Primero, leer rápidamente el texto. Después hacerlo de forma detenida y comprensiva, buscar las palabras desconocidas y resolver las posibles dudas.
2. Subrayar las ideas principales.
3. Hacer un resumen a partir de lo subrayado, pero de forma personalizada, es decir, con las propias palabras del alumno. Poner ejemplos que nos resulten familiares y significativos es una buena forma de favorecer el aprendizaje.
4. Realizar esquemas a partir del resumen, sólo con las palabras clave. De esta forma se accede a la información imprescindible a simple vista y se favorece la memorización de los datos.
5. Usar reglas nemotécnicas para memorizar conceptos que son difíciles de relacionar entre sí, siglas, etc. Una regla nemotécnica consiste en formar una oración corta y fácil de recordar.
6. Asimilar el contenido y repasar (al menos) semanalmente los esquemas, aunque lo ideal es que se haga todos los días antes de acostarse, para prevenir que se olvide lo aprendido.

Bibliografía:
P. Carlos Gómez, A.García y P.Alonso (1991): T.T.I. Procedimientos para aprender a aprender. Editorial EOS. Madrid.

Enlaces de interés:

Orientación Los Pedroche: técnicas de estudio Educación Infantil y Primaria

Mónica Diz Orienta: técnicas de estudio para Secundaria

Familia y cole: cómo elaborar un horario de estudio

Aula fácil: uso de reglas nemotécnicas