AUTOESTIMA

AUMENTA LA AUTOESTIMA INFANTIL

Podemos definir el autoconcepto como los juicios e imágenes que tenemos de nosotros mismos. Este engloba aspectos físicos , psicológicos , sociales y morales. El autoconcepto implica juicios descriptivos (soy rubio, alto…), pero también juicios de valor (soy tonto, soy increíble, soy mala persona). Ese juicio de valor que hacemos hacia nuestra persona es lo que se conoce como autoestima.

Los adultos tenemos un papel determinante en la formación del autoconcepto y la autoestima de los más pequeños. Desde muy temprana edad el niño va captando mensajes que su entorno le transmite sobre el mismo, y se va mirando en el espejo que los otros le muestran (eres malo, eres bueno, eres único, no vales para nada…) Estos mensajes se transmiten de forma verbal y no verbal (muestras de cariño, miradas…). La familia, la escuela y el grupo de iguales son los principales espejos para el niño.

Por otro lado, las expectativas que tenemos de los otros pueden influir decisivamente en la conducta de los demás. Este fenómeno se conoce como el Efecto Pygmalión (Rosenthal y Jacobson) o Profecía Autocumplida (Robert K. Merton). Esta teoría sostiene que según las expectativas que tengamos acerca de alguien incitaremos a que dicha persona se comporte de manera que la expectativa se vuelva cierta. Por ejemplo si el profesor cree que sus alumnos son unos inútiles y unos vagos, éste les tratará como tal, lo que hará que estos fracasen con mayor probabilidad.
No hay frase más cierta que “creer es poder”, y estas creencias vienen en gran parte determinadas por los mensajes que nos llegan desde el exterior. Por suerte o por desgracia somos animales sociales y para poder crear un buen autoconcepto y autoestima necesitamos del apoyo y respaldo del entorno. Si a un niño le sometemos continuamente a críticas destructivas (insultos, descalificaciones) estaremos aumentando la probabilidad de formar un adulto frustrado, agresivo o sumiso, es decir una persona infeliz y con problemas de adaptación social.

¿Qué podemos hacer para aumentar la autoestima de nuestros hijos y/o alumnos?

1. Mostrar cariño, aprecio y respeto por ellos. No basta con quererlos, hay que procurar que ellos lo perciban, ya que el amor no se sobreentiende y hay que demostrarlo. Hay que alabarles cuando superen nuevos retos, decirles palabras de apoyo cuando se equivoquen y no sancionar sus fracasos (éstos forman parte del aprendizaje).

2. Hacer que se sientan valiosos y capaces de conseguir lo que se propongan. Esto último habrá que hacerlo de forma realista, sin presionar para que el muchacho consiga metas irreales, inalcanzables a corto plazo o que no le motiven.

3. Estimular su autonomía. Que sea consciente de todo lo que es capaz de hacer por sí mismo (comprar el pan solo, ayudar a cocinar…). Además de ser muy positivo para su educación, hace que “se sientan mayores”, lo que les resulta muy motivante.

4. Ayúdar a que se autorrealicen en aquello que destacan y les gusta. Si el niño es bueno dibujando, escribiendo cuentos o bailando, anímales a que mejoren y progresen en sus aptitudes creativas. Hay una creencia absurda entre muchos padres de que todo lo que no es matemáticas, lengua o inglés no sirve para nada.

5. Nunca pretender que ellos sean lo que nosotros no pudimos ser, es decir, no obligar a que ellos realicen nuestros sueños frustrados (ser el número uno de la clase, ser el mejor futbolista de su equipo, el mejor gimnasta…).

6. No sobreproteger. Deben aprender a tomar sus propias decisiones,  asumir las consecuencias de sus actos, y como hemos dicho antes deben aprender a fracasar sin frustrarse. Es inevitable que fracasemos en numerosas ocasiones a lo largo de nuestra vida (en los estudios, en el amor, a la hora de realizar ciertas elecciones…). El fracaso nos sirve para aprender, para mejorar en futuras ocasiones, para lograr el éxito final.

7. Aumentar el contacto con otros agentes educativos (profesores, familiares, otros adultos, amigos) que estén en contacto con él, para que te cuenten cómo le ven (¿más contento? ¿más serio?¿se relaciona con otros niños?…)

8. Juzgar su conducta, nunca la persona. No es lo mismo decirle “eres un patán” a decirle “eso no lo has hecho bien”: en la primera situación se pone en duda su validez como persona, y en la segunda jugamos  una actuación concreta.

9. No comparar (con sus hermanos, con sus primos, con sus compañeros… )A nadie nos gusta que nos digan o nos insinúen que somos “inferiores” que otros en algún aspecto.

 

Enlaces de interés:

Cuentos para dormir: cuentos para aumentar la autoestima en niños

Guía infantil: juegos para aumentar la autoestima en niños

Taller de autoestima para adolescentes

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