diversidad

DIVERSIDAD EN LAS AULAS

En menos de 50 años el sistema educativo español ha pasado de ser un sistema segregador, donde solo había cabida para alumnos con las mismas capacidades ha ser un sistema inclusivo, donde los educadores debemos responder equitativamente a todas las necesidades que presente el alumnado.

La educación inclusiva supone que todos los alumnos son diferentes pero tienen los mismos derechos. La UNESCO la define como el proceso de identificar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los estudiantes a través de la mayor participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades, y reduciendo la exclusión en la educación.

Aunque los educadores necesitan más recursos personales y materiales de los que actualmente disponen para que la inclusión pueda darse de forma satisfactoria, nuestro trabajo como docentes es conocer y tener claro que supone la diversidad del alumnado.

En nuestro Sistema Educativo, como todos los profesionales de la educación saben, esta diversidad se conoce como Alumnado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (ACNEAES). La LOMCE (Título 2, capítulo 1, apartado 57) define a este alumnado como aquel que requiere una atención educativa diferente a la ordinaria. Estos alumnos son:

1. Alumnos con Necesidades Educativas Especiales (ACNEES). Son los alumnos que durante su escolarización (total o parcial) necesitan apoyos y atenciones educativas específicas derivadas de discapacidad psíquica (retraso mental, TEA…), sensorial (discapacidad auditiva o visual), o motora (afecciones neuromusculares…) o trastornos graves de conducta (trastorno disocial, negativista desafiante… También se puede incluir aquí TDAH).
Para que un alumno pueda ser considerado como ACNEE, los profesionales del departamento o del equipo de orientación deberán elaborar un informe de evaluación psicopedagógica (donde se constata que el alumno presenta necesidades educativas especiales) y un dictamen de escolarización, que refleja que modalidad de escolarización es la más adecuada para él. Estos alumnos se pueden escolarizar en un centro ordinario (siempre se va a tender a normalizar la escolarización lo máximo posible), en centro específico de Educación Especial (según sus necesidades), o una escolarización combinada entre centro ordinario y especial.

2. Alumnos con dificultades específicas de aprendizaje. Estos son alumnos con alteraciones de base neurobiológica (sin discapacidad psíquica y con Cociente Intelectual medio) que ven afectados los procesos cognitivos implicados en el lenguaje, la lectura, la escritura y/o el cálculo aritmético (dislexía, disgrafía, discalculia…).

3. Alumnos con Trastorno con Déficit de Atención e Hiperactividad. El TDAH se define como el patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o desarrollo (DSM-V).

4. Alumnos con altas capacidades intelectuales. Para que un alumno sea considerado con altas capacidades (antiguamente conocidos como superdotados o sobredotación intelectual), este debe tener un Cociente Intelectual igual o superior a 130, presentar altos niveles de creatividad, y dedicarse de forma persistente a las tareas (Renzulli).

5. Alumnos que se han incorporado tarde al sistema educativo. Aquí entraría el alumnado inmigrante que desconoce el castellano, alumnado que se ha incoporado después de 3º de primaria a nuestro sistema educativo y muestra más de dos años de desfase curricular, alumnado hospitalizado de larga duración que no ha podido atender a clase, etc.

Como acabamos de comprobar, hay una gran disparidad de situaciones y necesidades que los docentes debemos de conocer y saber solventar para que todos los niños puedan tener las mismas oportunidades. Promover la inclusión es tarea de todos.

Enlace de interés:

Junta de Andalucía: manuales de Atención al Alumnado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo.


aprendizaje cooperativo

COOPERAR PARA APRENDER

Muchas teorías y modelos educativos llevan más de veinte años resaltando la importancia de la interacción entre compañeros de cara al aprendizaje. Aunque esta idea está calando cada vez con más frecuencia en las aulas, todavía algunos profesores la ignoran. De hecho, muchas veces esta interacción se considera como un elemento que dificulta el ambiente social y la marcha de la clase.

Los educadores podemos promover en el aula tres formas de relación entre los alumnos (Coll y Colomina):

1. Relación competitiva, cuando tienen que “luchar” entre ellos, pues el logro de las propias metas es a costa del no-logro de las del resto. Para que uno gane el otro debe perder. Este tipo de relación puede ser muy motivante para los niños, pero también puede provocar efectos contraproducentes, como baja autoestima, en aquellos que no logran los objetivos (los que pierden).

2. Relación individualista, cuando la consecución de la propia meta no afecta a los resultados obtenidos por los demás. Esta es la relación que normalmente se da en las aulas, donde cada cual debe aprobar sus propios exámenes. Aquí no hay necesidad de interacción, por lo que no se promueve el desarrollo de una actitud de colaboración entre compañeros.

3. Relación cooperativa, cuando los participantes comparten objetivos mutuamente dependientes, por lo que el logro de las propias metas es posible si los compañeros de grupo obtienen también las suyas (si tu ganas el resto también). La interacción entre los compañeros es necesaria para que esta estructura funcione.

Pues bien, múltiples investigaciones han concluido que las relaciones cooperativas provocan mejor rendimiento académico entre los alumnos que las competitivas e individualistas en todas las materias y en todas las edades (Jonhson). Además, este tipo de relación ha demostrado tener una influencia positiva en el desarrollo cognitivo y social del niño, y en la consecución de un buen “clima de trabajo en el aula”.

Algunas de las ventajas de la cooperación entre iguales son:

1. Fomenta la creación de valores, actitudes, y competencias socializadoras del niño (mejora las habilidades sociales).
2. Aumenta el desarrollo cognitivo al tener que resolver conflictos o manejar las relaciones entre los miembros del grupo.
3. Se aprende a tomar en consideración el punto de vista de los otros, lo que promueve el desarrollo de la empatía.
4. Reduce el aislamiento social y las conductas antisociales o disruptivas (como los impulsos agresivos).

De este modo, cuanto mejores, mayores y más variadas sean este tipo de relaciones con los compañeros durante el período escolar, mejores serán los índices de salud mental en la edad adulta.

Ahora bien, para conseguir todos estos efectos positivos, no basta sólo con colocar a los alumnos entre sí y dejar que interactúen de forma espontánea. Profesores y educadores deben conocer las técnicas de trabajo cooperativo y cómo deben aplicarse para asegurarse que éstas tengan un efecto constructivo en los estudiantes.

Enlaces de interés:

Guía sobre aprendizaje cooperativo, CAM

M.J. Díaz Aguado: aprendizaje cooperativo y prevención de la violencia

Orientación Andújar: técnicas de aprendizaje cooperativo